Sueños de un demonio - Capítulo XVI





Capítulo XVI
Cuchillada

Kyo tenía los ojos vidriosos. Era todo tan raro, todo le causaba tanto sentimiento, era tal su amargura que de nuevo le dieron ganas de llorar. Algunas veces recordó que Yagami se reía de él por su carácter y le gritaba que era un idiota mariquita sin agallas. El se molestaba más y a veces se ofuscaba demasiado, dándole ventajas a Iori. Le costó mucho trabajo comprender que esa era precisamente la forma en que Yagami le pedía que no se dejara llevar por la desesperación porque quería una buena pelea.  Pero ese era su carácter. Iori era frío, pero él no podía serlo. Yagami era la noche y él era el día.
También de un modo u otro pensó que esa era la manera en que su rival se defendía de la vida, siendo como era. Aunque todo tenía que cambiar por el bien de los dos y de los que los rodeaban, y estos cambios tenían que darse a la orden de ya. Entonces Kyo abrió mucho los ojos. Se dió cuenta de por dónde comenzaría.
—Romeo—dijo, acercándose al príncipe, que era atendido por Rufus quien le colocaba compresas de agua fría para la fiebre—. Voy a bajar a tranquilizar a tu animal.
—No podrías—murmuró el príncipe, un poco inquieto—Cuchillada es tan fuerte y tan obstinado que podría matarte. Tu también estás mal, ayer perdiste mucha sangre.
—Eso no me importa—contestó Kyo—. No puede haber tantos sufriendo juntos en un mismo lugar.
—Pero...
—Calla. Haré el intento. Luego vendré con noticias.
Rufus se quedó con la boca abierta. Era demasiada su osadía o demasiada su estupidez.
Kusanagi bajó los escalones con lentitud, mientras algunos sirvientes que se cruzaban en su paso lo miraban con curiosidad mezclada con algo de temor, temor que le tuvieron muchos a raíz de su comportamiento contra los hombres lagarto. Al llegar al inmenso jardín, rodeado por árboles, el ambiente se tornó cálido y pesado. Algunas hojas quemadas volaban alrededor, y la ligera brisa que se sentía era provocada por Cuchillada, que se movía de un lado hacia otro, con velocidad. Aún había varios hombres, pero sólo se limitaban a cuidar que la bestia no se atreviera a pasar hacia el castillo o a las casas de cerca de las murallas, que eran las de los monjes y los artesanos. Entonces, Kyo se interpuso en el camino del animal de Romeo. Este se detuvo, delante de él, rugiendo y relinchando al mismo tiempo, casi golpeándolo con los cascos de las patas delanteras, parándose en dos patas, furioso, frente a él. Kyo estaba lleno de miedo, pero se mostró firme.
—¡Cálmate !—Le ordenó—¡Estás asustando a todo el mundo !
Pero Cuchillada pareció no entender razones y se hizo a un lado. ¡Descarado ! nunca nadie le había hablado así. Él infundía temor, era capaz de destrozar incluso a hombres lagarto, un extraño no iba a hablarle de ese modo.
Dió una vuelta más por los alrededores, mirando de vez en vez a Kusanagi, que permanecía parado en su lugar, sin ceder ni un ápice en su determinación. Le rodeó, quemando también hojarasca a su paso, y se detenía, echando humo por la nariz y pisando con fuerza el suelo, cual toro ante un lidiador. Kyo temblaba. Cuchillada, en cualquier momento, arremetería contra él y le podría romper incluso algún hueso o lastimarlo con severidad.
No erró mucho en su pronóstico, pues ahora el animal iba directo en contra de él. Kyo echó a correr. No con cobardía, sólo trataba de alejarse y de alejarlo de donde pudiera lastimar a alguien. Se sentía mareado, en verdad había perdido grandes cantidades de sangre y casi no durmió bien porque tenía que mantenerse quieto para no molestar a Romeo. Le costó mucho trabajo esquivar algunos encontrones que buscaba Cuchillada, pero lo hacía con cierta fortuna.
Kyo empezó a agitarse. Cuchillada parecía tener una energía inacabable, lo que empezó a ponerlo en seria desventaja. Estaba a punto de caer rendido.
—¿Qué pretendes ? ¿Qué quieres ? Estoy molesto. Muy molesto, no quiero estar contigo. Vete de aquí, no me hagas perder los estribos...—Kusanagi no sabía de quién venía esa voz, era una voz grave, como de un hombre maduro, tenía un acento imperante y nervioso. Volteó a muchos lados, mirando a los varones presentes, pero todos estaban pasmados y con la boca abierta. De seguro que no había sido ninguno de ellos.
—¡Levántate !—Prosiguió la voz—¡Levántate y márchate ! Eres un intruso...—Ahora Kusanagi lo comprendía. Cuando miró a Cuchillada, se percató de su pecho agitado, como de un pájaro atrapado en una jaula en contra de su voluntad, y miró al animal, y la voz venía de él. Todos estaban conmocionados, pues al parecer aquella bestia fabulosa nunca dió trazas de haber querido o podido hablar.
—¡No quiero !—exclamó Kyo, un poco más recuperado de la sorpresa—Y no me iré hasta que te calmes.
—¿Calmarme ? ¡¿Calmarme ? !—Rugió Cuchillada—¡Eso no puede ser, nunca ! ¡No tienes ni idea de lo que dices ! ¡Quiero que te vayas !
—¡Yo repito que no !
—Puedo matarte con facilidad. Eres un enclenque.
Eso último le dolió a Kyo en su amor propio. No estaba dispuesto a ceder, así se tratara de ese...ese...esa cosa.
—Te daré el beneficio de la duda—comentó Kusanagi, tratando de recuperar la calma perdida—. Yo en cambio, te cogeré y te apretaré del cuello, y entonces, tendrás que gritar que te calmas y hacerlo en seguida.
—No lo harás nunca—espetó el animal, que no movía el hocico, pero que se escuchaba.
Sin más palabras intermedias, Cuchillada corrió hacia Kyo, que se hizo a un lado, sin embargo uno de los cuernos del primero le rasgó las ropas. Aquello había pasado demasiado cerca, sin duda Kusanagi no estaba tratando con cualquier cosa. Los allí presentes se hicieron hacia atrás. Unos incluso se metieron al castillo. Las ventanas se llenaron de curiosos, Rufus escuchó la algarabía.
—Algo está sucediendo afuera, muy serio—le susurró a Romeo, que parecía que dormía—Mi señor, creo que su animal aún no ha matado al niño.
—No lo hará...o al menos le costaría mucho trabajo—murmuró el príncipe, que sólo estaba dormitando—. En caso de que Sir Kyo fuera muerto por Cuchillada, me decepcionaría mucho porque se supone el tiene el poder de protegernos a todos.
Rufus asintió, y le besó la frente a su señor.
—Iré a ver cómo se dan las cosas, príncipe. Le traeré noticias sea cual sea el final.
Romeo sonrió y el hombre salió al balcón.
Abajo, se daba pie a una batalla campal, ahora de vez en vez Kyo le sujetaba los cuernos a Cuchillada, o le plantaba un puñetazo en el poderoso cuello de su oponente, mientras que éste ya había derribado un par de veces, muy desafortunadas, a Kusanagi, que ya hacía gala de moretones terribles y sangre.

—Buenas tardes—el príncipe Sigma entró con su habitual cortesía a la pequeña tienda de 'El rojo' como le llamaban a los aldeanos al vendedor de prendas, esto dado a su tono de piel, muy tostado. La escena era pintoresca y contrastante pues el señor tenía un aspecto delgado y mediano y su modo de vestir era muy similar al de un árabe de la tierra, y su rostro era alegre y barbudo, rojo, muy rojo como si estuviera ruborizado al extremo. Por otro lado estaba Sigma, que era muy claro de la piel, pero el que se llevaba las palmas era Iori, que estaba casi blanco. Todo tenía que ver con ello, pues detestaba la luz del día, comía puras porquerías y a cada rato, por el legado de Orochi, perdía sangre.
—Buenas tardes—contestó 'El Rojo', tomándole la mano—¿En qué puedo ayudarles ?...
—Verá, hemos tenido algunos pequeños problemas con seres bastante maleducados—dijo Sigma con una sonrisa— Y mi amigo se ha quedado sin ropa. Sé que usted tiene todo tipo de prendas , y quisiera algo adecuado para él, algo que tenga que ver con este lado de Ysatna, para que identifiquen de donde viene.
—Es muy lindo su cabello—dijo el hombre al caballero, mirándolo detenidamente. Acarició un poco y luego lo olió con delicadeza—. Huele a agua dulce, cuando se encuentra en un manantial, con el olor a tierra y a hojas...
Iori miraba a aquel individuo como si estuviera loco. El Rojo tomó más cabello, esta vez un mechó n considerable y lo examinó hasta las puntas.
—Es precioso. Azul como el cielo por la media mañana, con destellos cristalinos como las nubes—Luego, sacó un monóculo y lo examinó, como si fuera mercancía—Es muy largo pero está impecablemente cuidado, brilla como si fuera de niño de mama. No tiene rastros de urzuela ni de resequedad, ni está quemado por el sol.
Sigma reía complacido, Iori no entendía nada de nada, pero se le hacía curioso que alguien tuviera tanta atención en el cabello, y más si se trataba de un hombrezote como Sigma lo era. Imponía tanto que era raro que se le acercaran, quizá, pensó, por eso estaba tan divertido de lo que aquel sujeto le decía.  Ahora el hombre acercó sus labios y su rostro al cabello de Sigma, acariciándolo, mientras que el caballero le dió, dada la cercanía, unas palmaditas en la espalda, mientras continuaba riendo.
—Te lo compro—concluyó 'El Rojo'.
—Desgraciadamente, no lo vendo. Lo traigo largo desde que era un niño. Además tendría que arrancarme el cuero cabelludo.
—Entonces—El hombre no pretendía cejar su empeño en obtener tan precioso 'objeto' -, te lo cortaré y me quedaré con los mechones.
—No. Me gusta largo, y aunque no me ha costado trabajo cuidarlo, no pienso hacer nada para perjudicarlo. Así le gusto a Miros Adiora.
Miros Adiora. Iori lo escuchó perfectamente. Ella era seguramente la mujer a la que Sigma se había referido.
—Me voy a morir con mi greña de viejo, cuando esté blanca y canosa. Pero no la cortaré a menos que toque el suelo o lo pise en mis descuidos.
Iori no entendía por qué esas actitudes, pero prefirió no comentar nada.
—Ah—El Rojo se molestó un poco—entonces espero traigas suficiente dinero para pagar lo que su amigo decida llevar.
—No se preocupe. Todo es capaz de negociarse. Incluso la vida.
Este último comentario inquietó a Iori, pero no le prestó mucha atención porque Sigma volteó a mirarlo, y entonces Yagami comprendió que si era necesario, el caballero sacrificaría su propio y querido cabello para tenerlo cómodo.


Ya en las ventanas y los balcones del castillo de Romeo se había congregado una gran multitud, que se mantenía atenta y silenciosa, a la expectativa de lo que pasaría con el extraño huésped y la bestia de su señor. La gente contenía el aliento, y se guardaba las naturales exclamaciones y aplausos de un duelo, pues en verdad lo que pasaba allí era cosa seria. Cuchillada tenía la fama natural de destructor por todo el reino de Omega, pues su carácter era muy extraño y explosivo. Así lo era incluso con su mismo dueño, al que todos los moradores del pueblo estaban seguros que el animal no consideraba tal.
Era un ser sumamente misterioso, bravucón, dirían algunos, violento e insensato, dirían otros, aún y a pesar de que diera muestras de una inteligencia similar a la de los humanos. En sí mismo era contradictorio y a todos les extrañaba sus reacciones respecto al estado de salud del señor Romeo.
Por su parte, Kyo estaba ya casi deshecho en los ánimos y en el físico. Ya no podía sostenerse en pie, le costaba mucho trabajo, mientras que Cuchillada mostraba a todos que seguía con tanta energía y con fuerza como al principio de la pelea.
—Eres demasiado obstinado—murmuró Cuchillada, y en aquel momento a Kyo esa voz le recordó la de su padre, pero en algún otro tiempo—. Ríndete y déjame en paz. Y por tu bien, y tu vida, te aconsejo que te alejes de Romeo, porque sólo has venido a traerle mala fortuna.
—No tienes idea de lo que estás diciendo—masculló Kyo, tocándose las costillas, incorporándose con dolor—. Yo lo que menos haría sería perjudicar a tu amo.
—Romeo no es mi amo.
—Pero sí es el señor de la tierra que en estos momentos estás pisando y escandalizando con tu actitud estúpida.
Rufus estaba pasmado. Posiblemente, tenía la mejor vista de todo el castillo para presenciar la pelea, pero eso no le importaba demasiado. Estaba muy interesado en lo que los dos rivales comentaban, y luego volteaba a mirar a su tutorando, que ya no se enteraba de nada.
—¿Cómo te atreves a hablarme así ? No tienes derecho alguno de dirigirte a mí de esa forma. El juego está comenzando a aburrirme y ya no representas para mí ningún interés. Ríndete o muere.
—¿Morir ? me han amenazado de esa manera muchas veces, y creo que estoy empezando a hartarme—dijo Kyo, recordando sus múltiples andanzas pasadas.
—Entonces, te liberaré de tu sufrimiento.
Cuchillada relinchó y rugió como era su costumbre, y se dirigió con fiereza hacia donde Kyo. Entonces, como en una iluminación divina, Kyo pudo leer exactamente los movimientos de la bestia, cómo se contraían sus músculos, cómo aumentaban sus llamas, sus cuernos, que brillaban de un modo extraño, y lenta, muy lentamente, lo miraba correr para embestirlo de frente y acabar todo de una buena vez. Alrededor de Cuchillada estaba un aura escarlata, y las brasas ardientes volaban cual luciérnagas rodeando la imponente figura del animal. En un instante, Kyo supo lo que tenía que hacer.
—¡Ahhh !...—Sus puños se encendieron con ira, su cabello voló con el calor que se desprendió de su cuerpo, el sol de su frente se iluminó y corrió a encontrarse con Cuchillada.
—¿Qué ?—Los improvisados ojos del animal se abrieron con sorpresa aunque no disminuyó su marcha.
—¡En mi cuerpo arde la serpiente de fuego rojo ! ¡Soy el terror de la noche y el caballero del día !—pareciera que las palabras que Kyo murmuraba eran puestas en sus labios por otra persona—Justo cuando el impacto iba a dar lugar, Kyo golpeó con fuerza el cuello de Cuchillada, que paró en seco y se tambaleó hacia un lado.
—¡No !—exclamó. Y miró con detenimiento a Kyo, envuelto en fuego, y lo hizo sentirse extrañamente identificado. Pero eso duró poco pues retomó su actitud anterior y se dispuso a atacarle nuevamente. Kyo de milagro logró sostener uno de los cuernos de su rival y entonces brincando se subió encima de él. El caballo, molesto, comenzó a zarandearse y Kyo se sujetó fuertemente de su cuello, encendido en llamas. Cuchillada hizo lo propio, se encendió también y las luchas se dieron ahora en llamas contra llamas. Kusanagi estaba tan débil y tan exhausto que estaba a punto de rendirse, pero reunió sus últimas fuerzas para empezar a apretar al animal de su musculoso cuello.
—¡Ríndete !—le gritó.
—¡Jamás !—respondió la bestia—¡Tú eres quien debería rendirse ! Si te caes te pisaré tan fuerte que todo habrá terminado, y quedarás hecho un despojo.
—¡Puede ser, pero antes de eso, haré que te calmes !
—Es absurdo—Pensó cuchillada—que alguien como él, que a todas luces tiene desventaja contra mí, se empeñe en lograr algo que no podrá...
Kusanagi comenzó a apretar el cuello del animal, pero no lograba que este cediera en su empeño. Cuchillada comenzó a zarandearse, como un caballo que desea despojarse de la molesta carga del jinete. Kyo apenas podía resistir.
—¿Por qué estás haciendo esto ?—Decía Kyo, con los ojos cerrados, acrecentando en lo posible sus llamas, sujetándose con lo que le restaba de fuerzas—¿No comprendes todo lo que provocas ?
—Tuve un mal presentimiento cuando te encontramos. No quiero que permanezcas aquí...
—Eso no te justifica que estés poniendo al reino de cabeza y que preocupes a Romeo.
Cuchillada aparentó ceder, pero sólo fue un momento de distracción.
—¿Qué quieres decir ? ¿Cómo está ?
—Romeo está asustado y preocupado y todo es tu culpa, no la mía. Se siente muy mal, está muy delicado y tú lo único que haces es mortificarlo, ¡Qué vergüenza de bestia tiene !
Cuchillada no sabía si alegrarse al tener noticias de su amo o enojarse por lo que Kyo le estaba diciendo. Esos momentos de reflexión Kyo los aprovechó para apretar más fuerte, y entonces la bestia comprendió que en realidad aún le quedaban energías.
—¡No te vuelvas a referir de mí así ! ¡No tienes idea de nada !—Le gritó Cuchillada.
—¡Hago eso y más ! ¡Y yo no estaría aquí tratando con alguien como tú si no fuera por él !...
El animal se molestó y siguió corriendo, no dispuesto a decir nada más a aquel extraño que lo molestaba, y Kyo no sabía si esto era buena señal o no. Empezó a reunir todo lo que le quedaba de energía, esa era quizá la última oportunidad que le quedaba, ya estaba por rendirse. Esa pelea no había tenido ningún buen resultado y sí heridas y cansancio hacia su persona. Entonces, todas sus llamas se concentraron, y una explosión se hizo presente, haciendo trastabillar a Cuchillada, que se sorprendió del poder que tenía el niño de la Atal. Por fortuna de Kyo, el animal no cayó, y entonces, ya casi perdiendo la conciencia, apretó, apretó con todas sus fuerzas, antes de perder el aliento. Ahora la bestia sintió que le faltaba el aire, no era cosa de demasiada importancia, pero decidió que era suficiente.
—Ríndete.
—No lo haré—contestó el animal.
—¡Entonces grita que te calmas y hazlo !
Quizá sería una especie de fugaz reflexión, al fin un dejo de comprensión, y entonces Cuchillada disminuyó su marcha, porque la fuerza de Kyo era ya mucha.
—¡Está bien !—Gritó—¡Me rindo !...Esto ya es demasiado...y estoy aburriéndome.
La bestia era demasiado orgullosa para aceptar que estaba conforme con el rival que le había desafiado.
Detuvo su marcha, Kusanagi ya estaba perdiendo la conciencia y entonces se echó al suelo. Kyo no tuvo tiempo de responder y Cuchillada le cayó encima. El joven se quejó, soltó al caballo y quedó abajo de su enorme peso. El animal estaba como si nada. Luego miró con aire soberbio a toda la gente, que asustada veía que el chico quedó bajo el animal.
—El espectáculo ha terminado—dijo solemnemente éste.
—¡Lo ha matado !—Murmuró para sí Rufus, espantado de ver que Kyo tenía los ojos cerrados y aparentemente todos los huesos rotos.
Cuchillada levantó la cabeza hacia donde él.
—No está muerto—le dijo—Sólo inconsciente. Para la fuerza que me ha mostrado, mi peso no es nada—luego frunció el cejo y le dió un aspecto algo humano a su expresión—. Pero no será tanta su suerte si me ha mentido. Quiero ver a Romeo.
Rufus corrió hacia donde Romeo se encontraba y con cuidado, le tocó el rostro.
—Mi señor Romeo...despierte.
Los ojos de éste se abrieron con lentitud.
—Ya todo ha concluido. Cuchillada se ha calmado, pero exige verlo. Haga un esfuerzo, hágalo por el 'niño'.
Romeo asintió con pesadez y haciendo un extraordinario esfuerzo, se incorporó con ayuda de su tutor. Caminaron muy despacio hacia el balcón, el príncipe sujetando el cuello de su amigo, y entonces se asomó a la ventana. La gente, que esperaba, prorrumpió en hurras y en gritos de alegría cuando el príncipe mostró su pálido semblante. Muchos pensaban que estaba muerto, y para todo el pueblo fue un verdadero gozo comprobar que su señor estaba con vida. Cuchillada lo miro, y entonces algo en sus ojos cambió. Brillaron como si fueran a derramar lágrimas, pero no lo hizo.
—Príncipe—susurró.
—Estoy bien—Gritó con voz quebrada Romeo—...por favor, guarda la calma y ven cuando me sienta mejor...
Cuchillada no se movió, ni hizo ademán alguno para decirle a Romeo que estaba conforme. Se levantó, dejando a Kyo tirado en el suelo, como un harapo.
—¿Usted ya sabía que Cuchillada hablaba ?—preguntó Rufus, sorprendido.
—Desde hace ya mucho tiempo.
El animal caminó con gracia y tranquilidad hacia el bosque y se perdió en él. Los soldados del castillo fueron por Kyo y se sorprendieron de que sólo estaba dormido.

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